Con los pies en la tierra
Este nuevo sitio es como un boliche o un puesto en el valle alto o veranada, en donde usted puede desensillar, bajar del caballo y dejarlo libre, arrimarse, dejar los aperos de lado y entre unos mates, llevarse el mejor modelo de alpargata montañera que usted se merece.
Alpargatas, las hay y las hay, de rosa, con bigotes, sin, de chanfle, de costado como pollo contra el viento, la que costuro la vieja a mano y bien reforzada, la que mastica la media, la que se te olvidó, la careta, la fondeada, la caminada, la asadora, la de arriba del caballo, la matamoscas, la temida y arrumbada, la de la tortuga, y otras tantas. Pero… pero queremos que todos participen, por eso no nos olvidemos de La alpargata marginada en muchos pagos de LA new age montañera; y la otra, esa sencillita que entra chiflando bajo, la escondida en el fondo del mono (mochila), la pa` saber donde estas, la espanta brujos en cruz y la que no digan, o la del otro palenque, por que este ya esta sangrado, sucio y no te queda, por que otros ya se rascaron o ya no sirve, y la que te tentàs en llevarla a todos lados por que consideras que es parte de vos, por que lleva tu dignidad y un poco de tierrita pisoteada entre fardos, cueros resecos, mierda de vaca, orillas mañaneras, mate charlado y demás, esta…, esta penosamente esta en extinción y supo acompañar las sendas pensadas de muchos que se subieron a otro avión, también, y quizás para añorarla en un cuadrito y contemplarla como a algunos potreros perdidos que ya no existen, surge su contraria, esa que sacan pa` la fiesta rural pa` decir que sòs de campo y caretearla entre la paisanada, de estas están saliendo muchas por esta zona últimamente, y hay que lucirla entre amiguitos y amiguitas de moda, olvidando que quienes abrieron los rumbos en estos pagos, llevaban alpargatas, unas tortas fritas, un bastón de caña, unos cayos resecos y sobre todo su humilde pasión por la montaña.
Sin más esta decir que un calzado tan noble, confortable, seguidor, perseverante y más cerca de la tierra no existe en esta zona. Es casi como caminar en patas, o sea con los pies en la tierra, y al perro el fiel amigo le encanta la caricia alpargatosa y amistosa, ni hablar del gato, auque ambos temen el alpargatazo que cae como cobrador y sin aviso. Y ahora van las de suela de caucho, aunque la verdad la de yute va mejor para matar la soberbia montañera, la ultima va bien para rascarse las espinas que quedan arriba del tobillo.
Por eso lo invitamos a que deje, se anime y pise la raya para comenzar un dialogo con palabras sinceras y dignas de ser escuchadas en este viento sureño puro y blanco.
Disculpe la indiscreción “La Alpargata” le muestra el camino de regreso a su medida.
La tierra. (Amiga de la alpargata)